Este domingo, 11 de diciembre, se cumplieron 40 años del suicidio del famoso falsificador de obras de arte, Elmyr De Hory.  Este personaje, que comenzó haciendo del arte un modo de ganarse la vida pintando retratos y paisajes en el París de la década de los ’60, acabó como el falsificador más famoso del siglo XX y uno de los mejores de la  historia. Sus mejores falsos cuadros son plagios de los cubistas e impresionistas franceses. Tal es la perfección de sus copias que están en muchos museos del mundo.

Todo comenzó con Picasso

Y si no pasó a la historia como un gran artista –pese a que firmó algunos de los lienzos en los que imitaba a los vanguardistas-, lo hizo como un hombre que alcanzó la fama como falsificador. A De Hory  le gustaba ser reconocido así fuera de ese modo.

Elmyr Hory
“original” de Elmyr de Hory. Imagen cortesía de artnews.com

Se sabe que su carrera de falsificador comenzó cuando una amiga suya, lady Malcom Campbell, confundió un dibujo que estaba en su estudio con un Picasso. Y si bien no estaba firmado por el artista español, ella se empeñó en comprarlo porque se jactaba de ser conocedora  de la obra de Picasso. La falta de firma era lo de menos, porque ella bien sabía que el pintor malagueño no firmó, durante su período griego, un montón de dibujos.

Lo cierto es que el falsificador se aseguraba que no plagiaba, sino que pintaba al estilo de Picasso, Matisse o deChagall. “Yo interpreto a otros pintores y eso no es nada nuevo en la historia del arte”, solía decir.

En 2013, la obra de De Hory  fue presentada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ahora, desde el mes de octubre, De Hory tiene carta blanca para intervenir en la colección permanente del museo catalán Es Baluard. Nekane Aramburu, su directora, asegura que se trata de un personaje fascinante: “Es sin duda un precursor, refleja el debate sobre lo real y la copia”.